Superman. El primer hombre que voló en el cine.

“Llegó el repartidor con un manuscrito tan grande que casi me daba una hernia levantarlo, y había otras cosas; una de ellas era el traje de Superman. Así que me senté a leer el guion y tardé una eternidad. Llamé a Tom Mankiewicz [el hijo del mítico Joseph L. Mankiewicz], fumé algo de hierba y me puse el traje de Superman. Cuando Tom llegó, se detuvo el césped, me miró y corrió de vuelta a su coche. Y dijo: “Estás loco, aléjate de mí”.

Richard Donner.

Ahora que las productoras, las sucursales de esa fábrica de sueños que es Hollywood, hacen a destajo películas de dudosa valía ambientadas en comics y superhéroes, vendría bien recordar la que seguramente sea la mejor adaptación de un comic jamás rodada por mucho que Marvel y DC se pongan al día. Del personaje, creado en los años 30 por Jerry Siegel y Joe Shuster, hubo diversas series antes del baile de directores, guionistas y actores que habrían de protagonizarla, cuando Mario Puzo –después el éxito de “El Padrino”- rescató el proyecto y se unió a tres guionistas más -Robert Benton y sus colaboradores, el matrimonio David y Leslie Newman- para preparar “Superman, the movie” (1978). La película tuvo tanto éxito que llevó al comic de la serie B –en la que estaba relegada- a un maravilloso blockbuster que sería la segunda producción más taquillera de ese año, después de “Grease”, film de actualidad debido al reciente fallecimiento de su protagonista, Olivia Newton-John. Pero el guión era tan, tan largo que cuando Alexander Salkind (el productor de “Los tres mosqueteros” (Richard Lester, 1973) contrató a Donner, éste lo reescribió al completo, junto a su amigo Tom Mankiewitcz, desbaratándose el proyecto inicial de dirigir las dos partes de forma simultánea.  Richard Donner estaba en la cima de su carrera, después de filmar un gran éxito como “La profecía”, pero fueron constantes las discrepancias entre el director y los productores que cuando se puso en marcha Superman 2, Donner sería reemplazado por Richard Lester. Pero eso es otra historia.

Los superhéroes pertenecen a un fenómeno muy americano, fruto de una sociedad individualista altamente competitiva. En este sentido, Superman sería uno de los que más trascendieron, convirtiéndose en icono de la cultura popular junto a Spiderman o Batman. Estos comparten características comunes como la orfandad o llevar una doble vida, como también notables diferencias. Mientras que Batman y Spiderman son terrícolas, Superman es un refugiado de Krypton. Al margen de la krytonita, ese ha sido su talón de Aquiles, porque Superman es un superhéroe por definición y humano por accidente. Su  naturaleza es diferente a la nuestra por lo que su parte humana no deja de ser la impostura de un extraterrestre con problemas de identidad.

La infancia, la patria del hombre.

Lo escribió el poeta austriaco Rainer Maria Rilke y lo confirmaría el cine en una infinidad de ocasiones.  La niñez de Superman nos lleva  a Krypton, situado en el espacio profundo donde un respetado ciudadano, Jor-El (Marlon Brandon), advierte del inminente colapso de su mundo, coincidiendo con un trascendental juicio llevado a cabo contra tres poderosos villanos.  Ante la destrucción de su planeta, logra enviar a su hijo pequeño (Kal-El) a la Tierra, en la que recibirá enseñanzas subliminales durante su viaje. Una vez que llega a su destino, será adoptado por los Kent, un matrimonio de avanzada edad (Glenn Ford y Phyllis Thaxter) quienes lo criarán como su propio hijo. Como Clark Kent representa la esencia estadounidense mientras que como Superman exhibe unas increíbles habilidades que pronto llamarán la atención en la ciudad de Metrópolis como de la joven reportera del  Daily Planet, en donde ambos trabajan, Loise Lane (Margot Kidder).  Pero pronto surgirán las complicaciones con el personaje que se presenta como su archienemigo (Lex Luthor), ayudado por su torpe compinche, Otis (Ned Beatty) y su amante, Eve Teschamacher (Valerine Perrine).

El reparto no puede ser más adecuado con Christopher Reeve como protagonista y un Gene Hackman, en estado de gracia, como su enemigo, genial en su personaje, a pesar de parecer escrito más para la comedia que para la amenaza.

Si bien ciertos aspectos obviamente se sienten anticuados (algunas tomas de Superman volando), la película supera con creces el paso del tiempo gracias a la calidad de la artesanía presente en su producción. Pasamos de una apasionante escena o a otra aún mejor: la revelación de Krypton al comienzo de la película, la Fortaleza de la Soledad, el rescate de Lois por Superman o el  romántico vuelo nocturno de la pareja protagonista.

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