Amor. Un descarnado retrato de la senectud a cargo de Michael Haneke.

-«Queridos señora y señor Laurent: Verlos fue un momento bello y triste. Deseo de todo corazón que todo se arregle. Con mucho cariño, su antiguo alumno, Alexandre».

El primer plano de la película nos muestra a unos bomberos que irrumpen en un elegante apartamento en París. No nos dice nada más salvo que uno de ellos se tapa la nariz, por el hedor, y aparece una anciana en una cama junto a unas flores secas. Luego, la pantalla se vuelve negra y aparece el título “Amour” (Amor). “En este mundo nada se puede sentir con certeza salvo la muerte y los impuestos”. Eso lo dijo Benjamin Franklin y aunque de la segunda parte la pondría en cuestión, de la primera no hay lugar a dudas.  Esto es lo que hace Michael Haneke  mostrarnos la senectud como un valle de lágrimas.

Ellos son Anne y George Laurent un matrimonio que ha pasado su vida amando la música, tocando y enseñando. Al comienzo, asisten a un concierto a cargo de un joven maestro que fue alumno de Anne. Lo cierto es que el cineasta nos muestra la cotidianidad de una pareja que vive de forma independiente y placentera, hasta que un buen día nos arroja a la pantalla las señales de un futuro inexorable. Durante el ritual diario del desayuno, Anne se congela en una especie de trance, sentada en la mesa de la cocina. Es el inicio de la enfermedad que marcará el resto de la película.

Los actores arropan al director en la entrega de la Palma de Oro.

Haneke acababa de triunfar con La cinta blanca (2009), con una Palma de Oro en Cannes y dos nominaciones a los Oscars pero no lograba financiación para su siguiente proyecto sobre el tema, casi un tabú: ¿qué sucede cuando una grave enfermedad pone a prueba el  amor en la senectud? El austriaco Michael Haneke, de hecho obtendría su segunda Palma de Oro. Una película que sorprende por un giro en la trayectoria de un cineasta que había creado un estilo en donde el sexo y la violencia eran marcas de un controvertido director. Eso sí, mantiene algunas señas de identidad como la de mostrar una forma dolorosa e impúdica de unos personajes en su momento menos glorioso. En Amor presenta a una pareja de ancianos en una fase de deterioro tanto físico como intelectual en las puertas de la muerte; personajes interpretados por Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva. Junto a ellos, destaca la hija de esta pareja de profesores de música, retirados, interpretada por Isabelle Huppert, actriz fetiche del cineasta que alcanzó fama por otra película suya, “La pianista”.Lo que hace de “Amor” (2012)  una película distinta del resto de su filmografía es el tema, amable y más humano que otros títulos como Caché o Funny Game, pero otros aspectos pueden reconocerse como su importancia por la familia, el retrato de ciertos males contemporáneos como la soledad o los comportamientos extravagantes y enfermizos, con una habilidad especial para los oscuros reflejos del alma humana, que ya nos había dejado en su anterior trabajo, la sobresaliente La cinta blanca.

A pesar de que hay muchísimas películas que aún demuestran que hay buen cine y grandes historias en plena tercera edad, aún encontramos ejemplos de actores que fingen otra edad, algo muy de Hollywood y de sus grandes estrellas (Harrison Ford, Sean Connery o Clint Eastwood). Pero el séptimo arte nos ha enseñado grandes amores otoñales y abuelos adorables, reflejados en la pantalla con respeto y humanidad, como la alemana El séptimo cielo, la argentina El hijo de la novia, la española Solas o la clásica En el estanque dorado.

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