Salvar al soldado Ryan, la balada del soldado.

En su día, Uno rojo: división de choque pasó por ser la visión más dura de la guerra, pero llegaron Stalingrado, Enemigos a las puertas, La delgada línea roja, Salvar al soldado Ryan y Hermanos de sangre, la serie de televisión surgida de la película de Spielberg, por lo que nos dimos cuenta de lo mucho que quedaba aún por recorrer. Fue rodada en 1998, coincidiendo con la visión de la guerra de Terrence Malink en La delgada línea roja, dos películas totalmente antitéticas y distantes.

La secuencia de apertura es tan gráfica y demoledora como cualquier otra película e incluso como cualquier noticiario de guerra que hayas visto. Estamos en pleno desembarco y el enemigo nunca se encuentra cara a cara, sino que nos muestra una masa de soldados y entre ellos, el caos, el ruido, el barro, los vómitos y por fin la muerte. Omnipresente. La película sería, toda ella, una ópera del soldado enfrentado a su último aliento de vida, siendo esta escena la gran obertura en donde los personajes no luchan ni por ganar la guerra ni por los valores que ensalcen la propaganda, sino por salvarse uno mismo.

Pero después de una extenuante secuencia de media hora que mostraba los desembarcos en la playa, recordando a una nueva generación de espectadores lo terriblemente baja que era la esperanza de vida para los que estaban en la primera línea de fuego, nos presentan a nuestro héroe convencional.

Los rostros de una carnicería.

Tom Hanks es una buena elección como el capitán Miller, un profesor de inglés que ha sobrevivido a experiencias tan indescriptibles que se pregunta si su esposa lo reconocerá. Le tiemblan las manos, está al borde del colapso, pero hace todo lo posible porque ese es su deber. El resto de la patrulla,  los hombres debajo de él, son efectivos, en parte porque Spielberg resiste la tentación de convertirlos en “personajes” estrafalarios en la tradición de las películas de la Segunda Guerra Mundial, y los hace deliberadamente ordinarios. Matt Damon, como Pvt. Ryan, exuda una energía diferente, porque no ha pasado por el aterrizaje en la playa de Omaha; como paracaidista, aterrizó tierra adentro, y aunque ha visto acción, no ha mirado el infierno de cara.

Los rostros sudorosos y traumatizados de los hombres del capitán Miller son inolvidables. Algunos de estos actores se han vuelto más famosos que otros, pero para mí, Ryan es un momento de igual triunfo para todos. Hay momentos deslumbrantes en esta película y el más grande se acerca al principio cuando la madre de los hermanos Ryan ve el auto oficial del ejército conduciendo hacia la casa y se tambalea por la conmoción al darse cuenta de lo que debe significar. (Es interpretada por Amanda Boxer; el único otro papel importante de la mujer es la esposa de Ryan en la vejez, interpretada por Kathleen Byron) Es extraño ahora reconocer a otros actores – Paul Giamatti, Bryan Cranston – en papeles menores.

Pronto nos muestra la misión con fines de propaganda: el regreso de Ryan elevará la moral en el frente interno y pondrá un rostro humano a la carnicería en la playa de Omaha. Sería un ejemplo de cinismo –salvar a un solo soldado después de la carnicería que hemos visto- e incluso poniendo en peligro a ocho hombres más, por el camino. Pero el trasfondo es otro: sería el tercer hermano Ryan en caer en combate y se pretende evitar que su madre agregue otro telegrama a su colección.

El guionista Robert Rodat imaginó este colosal éxito de taquilla de la Segunda Guerra Mundial con absoluta seriedad, inspirado libremente en el caso de la vida real del sargento Frederick Niland, que luch en la campaña de Normandía.

Una fotografía magistral.

Kaminski fue una apuesta personal de Steven Spielberg, ya que tras haber estudiado en EEUU y con una carrera aún muy modesta a sus espaldas, el realizador de “Encuentros en la tercera fase” lo contrató directamente para rodar “La lista de Shidler”. Kaminski y Spielberg logran un look muy especial de la película entre otras cosas por el proceso de “retención de plata” que utilizan.

Pero, ¿Qué diantres es la “retención de plata”?  La fotografía tiene mucho de procesos químicos. Uno de estos procesos es el “blanqueado” o Bleach Bypass de una película de color, por lo que surge una imagen en blanco y negro sobre una en color. Esto se logra a través de un proceso químico en donde se van reteniendo los haluros de plata, algo con lo que se fabrican los cristales de las cámaras. ¿Y eso para que se hace? Por conceptos que utilizan los fotógrafos y que el resto de los mortales desconocemos: el contraste, la granulación o la saturación de los colores.

Ejemplos de Bleach Bypass en el cine.

Uno de los procesos de retención de plata más populares es ENR, que recibió su nombre de su inventor, Ernesto Novelli Rimo, un operador de los laboratorios Technicolor de Roma que diseñó esta técnica para Vittorio Storaro, en los años 70.  Por esta técnica patentada se revela una imagen en color sobre una película blanco y negro. Storaro lo aplicó en Reds (Warren Beaty), aunque se hizo muy popular entre los cineastas a partir de que Darius Khondji lo desarrollase en Seven (David Fincher). Uno de los casos más extremos del uso del ENR sería el de Salvar al soldado Ryan; de esta forma se  consiguen imágenes como estas.

Este tipo de películas es un ejemplo de cómo evolucionó el cine bélico de gran producción. En la edad dorada de Hollywood, la Segunda Guerra Mundial solía ser retratada por El día más largo, ¿Arde París?, o La batalla de Inglaterra.  Pero ahora lo que se busca es la autenticidad. Hollywood te quiere hacer creer que llenar la pantalla de caos y cadáveres es ser auténtico y por tanto, la mejor forma de recordarlo.

La media hora de apertura de la película fue ampliamente anunciada como una nueva frontera en el combate cinematográfico, una en la que no solo mostraba al público cómo era haber estado en la línea del frente, sino que colocaba a los espectadores junto a las tropas. La famosa crítica de Samuel Fuller dirigida contra las películas de guerra, incluso la suya propia, fue que realmente tendrías que meter a un pistolero de verdad dentro del teatro, y que disparara a la gente al azar, para empezar a sentir el terror de la guerra. La interpretación de Spielberg de una playa de Omaha enrojecida con la sangre de los soldados, parecía lo más cercano que nadie podría aproximarse al escenario de Fuller, con esas balas zumbando por todas partes.

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