La leyenda del indomable. La victoria de los perdedores.

“Lo que pasa aquí es… falta de comunicación”.

El Capitán, Stother Martin.

En los años dorados de Hollywood, el antihéroe era un “falso héroe” por representar al malo, estar en el lado equivocado de la ley o simplemente tener mala suerte. Pero llegaron los años cincuenta y apareció el Stanley Kowalski de Marlon Brando en “Un tranvía llamado Deseo“, junto con una nueva generación de antihéroes (el James Dean de “Rebelde Sin Causa”, el Clyde Barrows de Warren Beaty o el Virgil Tibbs de Sidney Poitiers) que culminaría en el Luke de Paul Newman. Evidentemente, las cosas estaban cambiando cuando esta película llegaba a finales de los 60, mientras la sociedad parecía rebelarse contra el establishment. Entonces, este sentimiento, el de la falta de comunicación, fue el que expuso el clima social.

 “La leyenda del indomable” se  desarrolla en el Sur de los Estados Unidos pasada la Segunda Guerra Mundial. Luke Jackson, un veterano condecorado, se aburre una noche de borrachera cuando destruye unos parquímetros, acto de desafío social que le valdría dos años en una cadena de presos. Su espíritu inconformista y su experiencia en la guerra, hace que sea el único con las agallas suficientes como para responder a los jefes y el único con el valor para escapar. No pasará mucho tiempo antes de que todos le admiren, junto a la camaradería y la amistad, mientras que los guardias ponían a prueba la resistencia de alguien que no estaba dispuesto a doblegarse. A un nivel más profundo, Cool Hand Luke serviría de metáfora del clima social de una época, los años 60, marcados por la revolución cultural pero también por un segmento de la población no sólo convencida en hacer lo correcto sino también dispuesta a no someterse, sin importar cuán brutalmente sean golpeados.

Fue fotografiada por uno de los grandes “maestros de la luz”, Conrad Hall- que venía de iluminar “Los profesionales” (1966), su primera nominación a los Oscars. Logró ransmitir el calor asfixiante que sentían los prisioneros-, con unos colores cálidos en donde el rojo y el tono anaranjado cobraban importancia. Fue filmada en un formato Scope aunque contase con recursos procedentes del mundo de la televisión como el zoom o los planos medios poco descriptivos. Lo normal de Hall es que iluminase la película con luz natural, pero en algunas escenas recurre a algunos puntos de luz.

Se trataba de un film dirigida por Stuart Rosemberg y con un reparto encabezado por Paul Newman y George Kennedy. Hay dos personajes entre los guardias que merecerían citarse, al que llaman “Capitán”, algo así como un alguacil, y el hombre de pocas palabras, cuya vida pasaba entre sus gafas de espejo y ese rifle, al que echaba mano de vez en cuando. En cuanto al equipo técnico incluye al guionista Frank Pierson (Días de perros); el montador Sam O’Steen (Chinatown) y el mezclador de sonido Larry Jost, quien luego trabajaría en “Alguien voló sobre el nido del cuco”, película que en muchos aspectos conecta con  Cool Hand Luke. Ambas tratan sobre forasteros arrastrados involuntariamente a una sociedad cerrada y punitiva; personajes que terminarán aprendiendo las reglas de su nuevo cautiverio de una forma brutal mientras conviven con los guardias y sus compañeros. Pero el espíritu inconformista los convertirá en líderes naturales. Al fin y al cabo, ambas películas sirven de metáforas del solitario enfrentado al sistema. No por casualidad en 1967, el año de la película se publicaba un ensayo de un famoso psicoanalista, Erich Fromm: “El miedo de la libertad”.

Película con grandes momentos.

-¡Badaluca, apuesta a la vista!

Una película llena de detalles emblemáticos como la apuesta de los 50 huevos, las canciones de Harry Dean Stanton o la breve, pero interesante Jo Van Fleet, en el papel de Arletta, la madre del protagonista. Un film que nos presenta un mundo masculino, pero de hombres blancos, en el que podríamos citar dos elementos: la mujer y el negro; recordemos que está ambientada en el Sur. Hay una secuencia en la que los trabajadores encadenados miran con lujuria a una rubia  que enjabona primero el coche y luego a ella misma. La otra cuestión es la racial que resulta incómoda, pero intencionada. Por ejemplo, el trabajo de la prisión parece que esté  segregado, lo que sitúa a los prácticamente únicos personajes negros en los niños afroamericanos con los que se encuentra Luke en su huída. Un detalle que me hizo recordar a “Bonnie and Clyde” (Arthur Penn) e incluso “En el calor de la noche” (Norma Jewinson); casualmente las tres ambientadas en el Sur y las tres rodadas en 1967.

Otras escenas  nos dan una idea de la forma tan sutil que tiene de narrar la historia. En una secuencia, están alquitranando el camino y Luke convence al Jefe que quien manda realmente es él. A pesar de las escopetas, los perros y las amenazas, nada es capaz de movilizar a aquellos hombres que la fuerza magnética de su sonrisa. Al fin y al cabo, “La leyenda del indomable” es una alegoría sobre alguien que a pesar de los golpes, siempre sonreía. Esa es la fuerza de los perdedores, la victoria moral.ç

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