El oficial y el espía. La infamia de Dreyfus según Polanski.

“No separo al hombre del arte”. Eso fue lo que soltó la buena de Lucrecia Martel -presidenta del Festival de Venecia, donde fue estrenada la película- cuando le preguntaron por Polanski, y para ser justos, el cineasta polaco parece que está dispuesto a no alejar al autor de su producción. Sus orígenes en Cracovia -donde su familia vivió en el guetto y fue perseguida por los nazis- fueron retratados en “El pianista. En esta ocasión, se centra en el “affaire Dreyfus”: el del capitán del Estado Mayor, víctima de uno de los mayores errores judiciales de la Historia, hasta que Zola publicó su famoso escrito “Yo acuso” -que aireó el escándalo- , dividiendo a Francia. ¿Podría haber trazado paralelos personales con este relato sobre el caso Dreyfus, un oficial francés que fue acusado erróneamente.

POLANSKI MOVIE, DREYFUS SCANDAL – 1895

Arriba de izquierda a derecha:  Dos imágenes de Alfred Dreyfus, el Coronel Georges Picquart y Lucie Dreyfus, la esposa del Capitán. En la fila del medio: La degradación pública de Dreyfus; Dreyfus sentado en el juicio; el famoso artículo “Yo acuso”; Emile Zola, y la familia Dreyfus. En la fila de abajo: Los tres oficiales involucrados en el “Caso Dreyfys”: el Mayor Armand Mercier du Paty de Clam, el Major Hubert-Joseph Henry y el Major Ferdinand Esterhazy, el verdadero culpable. También aparecen la portada del libro en que se basa la películas: “An Officer and Spy” , el autor Robert Harris y Roman Polanski.

Existirían dos formas para enfrentarse a la película. Se podría ofrecer una perspectiva historicista que deje a un lado al personaje central con tal de destacar el contexto de París en la Belle Èpoque o desde una visión intimista, sobre la lucha del propio Dreyfus destinado a defender su inocencia. Siguiendo estas premisas,  el film se inicia en el patio de la Escuela Militar donde le despojan de sus insignias y con uno de los asistentes, bromeando al compararle con “sastre judío que llora porque ha perdido su oro”. Lo curioso de esta cita es que su personaje será quién lleve la batuta de la historia y quien, al fin, restituya su honor. En una audaz elección del director, “El oficial y el espía” reserva al personaje principal a un papel secundario y se centra en la figura de Picquart (Jean Dujardin) que, recién ascendido a coronel, está dispuesto para hacerse cargo de la oficina de la inteligencia militar. Una vez que Dreyfus se encuentre tras las rejas, la atención de Picquart se dirigirá al del otro presunto espía, el mayor Estherhazy. Desde entonces, el arco de la historia se irá inclinando lentamente hacia la justicia. En el centro de la condena estaba el cargo de haber escrito un memorándum con una serie de secretos militares que vendió a su mayor enemigo de entonces, Alemania, pero -convertido en un auténtico McGuffin- lo que dejó tras de sí fueron una serie de maquinaciones dirigidas desde el mismo Estado Mayor. A medida que su personaje asciende en la jerarquía militar, las escenas toman una iluminación cada vez más sombría, que recuerda a la forma con la que Coppola filmó “El padrino”.

Polanski vuelve a adaptar a Robert Harris, como sucedió hace 10 años con “El escritor” -su última gran película-, recuperando tanto la elección visual, a cargo de Pawel Edelman, como la estructura del thriller . Recuerden el caso de “Chinatown”, sobre una investigación detectivesca dentro del cine negro, mientras que este serviría de ejemplo en la reconstrucción histórica siguiendo el modelo de “Peterloo”, de Mike Lleigh-otra película sobre una injusticia social del siglo XIX-. Una presentación de los personajes y de la historia que va cociéndose a fuego lento, moviéndose entre despachos y cuartos polvorientos, hasta llega el obligado giro en el relato, con la presencia de Emile Zola. El autor de “Germinal” redactó en 1898 su célebre carta abierta al entonces presidente de la República Felix Fauré, “Yo acuso”, publicado en el L´Aurore. 

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El conflicto del antisemitismo en el seno del ejército francés, que a punto estuvo de socavar los cimientos de Francia, era un tema que merecía ser llevado al cine. Y aunque sea lógico que se equiparase la situación entre Dreyfus y Polanski y por tanto, generase polémica, de esta forma se perdería la oportunidad de conocer una película que cuenta con los suficientes aspectos cinematográficos como para considerarla una sólida candidata al Oscar a la película extranjera. De hecho, otra película que relató los mismos sucesos -La vida de Emile Zola, William Dieterle, 1937- ya lo había conseguido. 

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