Cuando ruje la marabunta. Un melodrama clásico de aventuras.

Un orgulloso y solitario terrateniente decide casarse por correspondencia con tal de perpetuar su legado a un hijo, pero en el mismo momento que deberá plantearse la idoneidad de su esposa, un peligro procedente de la naturaleza amenazará con destruir lo que con tanto esfuerzo ha levantado.  Este sería el argumento de “The naked jungle” (La jungla desnuda), conocida en España como “Cuando ruge la marabunta”, de la que Byron Haskin logra aprovechar unos limitados pero efectivos 91 minutos para obtener como resultado todo un melodrama clásico de aventuras. Una curiosa producción tanto para el director como para el productor (George Pal) más acostumbrados a la ciencia-ficción,  con las adaptaciones de HG Wells: La máquina del tiempo y La guerra de los mundos. Pero al venir de rodar otra historia entre aventura exótica y romance (Su majestad de los mares del Sur) le hacía el realizador idóneo para la réplica que la propia Paramont preparaba de “La senda de los elefantes” (William Dieterle, 1954).

A parte del sólido guión, lo mejor de la película es la química de la pareja protagonista formada por esos polos opuestos que terminan atrayéndose, dos recién estrenados esposos que acaban de conocerse. Pero para su sorpresa, ella no solo es hermosa  sino que es una mujer con una alta confianza en sí misma y dispuesta a decir lo que piensa.

-Quiere completar su obra con una mujer a tono con su mobiliario, traído por el río con enormes dificultades para alimentar su vanidad y que las termitas que no se lo arrebaten.

Provocando una confrontación entre ellos tanto que cuando se planea su regreso a su lugar de origen (Nueva Orleans), una repentina amenaza de hormigas la hará decidir si vale la pena lucha por su relación en el momento en el que Christopher podría perderlo todo. Para dar un mayor empaque a la historia Byron Haskin llegó a aplicar el “toque Lubisht” en su película con tal de insinuar lo que no puede mostrar. Esto lo vemos en unos maravillosos diálogos, cargados de dobles sentidos. En una escena, Joanna (Elanor Parker) se presenta como una mujer más experimentada en la vida que habla varios idiomas o toca el piano, pero sobre todo es experimentada con los hombres (llegó a casarse), lo que no soporta el orgulloso Lenningen (Charlton Heston). Al haberse construido su emporio (la mansión y su plantación) desde cero, considera que Joanna (al no ser una mujer virgen) no es la esposa adecuada para él. Por tanto, la rechazará, dando pie a una réplica magistral:

(Joanna)- Si supiera algo de música, sabría que los pianos suenan mejor cuando ya se han tocado. Este no es un buen piano.

Dos visiones de un mismo tema.

La casualidad hizo que en 1954 coincidieran dos historias sobre personajes megalómanos dispuestos a desafiar a la naturaleza, una sería “Cuando ruje la marabunta” (Byron Haskin, 1954) y la otra, “La senda de los elefantes” (William Dieterle, 1954). Esta última era un colorista y exótico melodrama ambientado en una plantación de té en Ceilán y con unas espectaculares escenas finales de una estampida de elefantes, mientras que la película que nos centra es otro melodrama ambientado en una plantación de cacao del Amazonas puesto en jaque por una colosal invasión de hormigas. Pero ahí no terminan las coincidencias: las produjo la misma “major” (Paramont) y se estrenaron con un mes de diferencia.

Ambas producciones enfrentaron a William Dieterle y a Byron Haskin, en la dirección; y a Peter Finch y Elisabeth Taylor frente a Charlton Heston y Eleanor Parker, como protagonistas. La lid la ganó el filme de Dieterle en la taquilla, pero la de Haskin en calidad. Aunque el personaje de Elisabeht Taylor resulte más completo que el de Eleanor Parker, la principal baza de ambas películas se encuentra en el guión.  Ambas serían romances aderezados con cine de aventuras, pero mientras “La senda de los elefantes” se presentaba con un desvaído triángulo amoroso, “The naked jungle” es una guerra de sexos de tomo y lomo. Quizás el elemento más “débil” sea el personaje femenino pues su mayor experimentación iba a su contra al evolucionar menos en la historia.

Por cierto, entre el equipo que ambas compartieron destaca la diseñadora del vestuario, Edith Head, que vistió magistralmente a los protagonistas de ambas películas y que, mira por donde se llevó el Oscar por otra de la misma productora: “Sabrina” (Billy Wilder). Curiosamente, la Paramont guardaba a su mayor “estrella” entre bambalinas, pues la Señora Head, allí dónde la veis, llegó a contar con ocho estatuillas en su poder –la mujer con más Oscars de la Historia- pero eran otros tiempos….

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