Ha nacido una estrella. Un oscuro retrato de Hollywood en musical.

Un soberbio musical, aclamado como uno de los mejores de todos los tiempos e iluminado por la intensa actuación de Judy Garland en el que seguramente sea la mejor interpretación de su carrera. Se trataba de la versión musical (y muy superior) del film homónimo de William A. Wellman (1937), protagonizada por Janet Gaynor; historia que sería actualizada en otras dos ocasiones más. “Ha nacido una estrella” (1954) fue dirigida por un todoterreno como fue George Cukor quién, por cierto, ya habría filmado en 1931 la película que sería el origen de todas ellas: “What Price Hollywood?”.

El argumento es bien conocido. Un actor en la cumbre, pero alcoholizado, descubre a una cantante con gran potencial y se casan. Pero pronto sus respectivas carreras irán divergiendo: mientras el alcohol logra dominarle y acaba olvidado por todos, ella brilla de tal forma que termina logrando el Oscar. En ese justo momento, Norman Maine (James Mason), borracho, sube al escenario y pega sin querer a su laureada esposa, antes de saludar a un público que le aborrece. El escándalo concluye con el actor internado y con su suicidio.

El film es una sátira del mundo de Hollywood en una década en la que ya se habían filmado grandes análisis sobre las cloacas de la industria como “Eva al desnudo”, “El crepúsculo de los dioses” o “Cautivos del mal”. “Ha nacido una estrella” es un oscuro fresco que se mueve entre agentes y publicistas despiadados, los grandes estudios y sobre todo la propia Hollywood que se jacta de organizar eventos benéficos con tal de no “olvidar a los suyos”, destinando los fondos a los actores sin trabajo. En la primera de esas ceremonias, llega tarde un borracho Norman Maine, descubriéndola una de las bailarinas –Esther Blodgett (Judy Garland). Su personaje será el de una cantante cuya carrera empezará a despuntar sobre todo cuando caiga en las manos de un productor sin escrúpulos como Oliver Nailer quien la rebautizaría como Vicky Lester, acompañándose de los éxitos y varapalos de toda gran estrella.

Vidas paralelas.

Es fácil seguir la pista de la actriz principal a través del juego de coincidencias entre la realidad y la ficción con respecto a la película. Judy Garland llegó al proyecto de la Warner después de ser despedida de la MGM, en pleno rodaje de “Bodas reales”, y Jack Warner presentó el regreso de la intérprete tan a

bombo y platillo que el presupuesto del film sería el segundo más caro de la historia de Hollywood, hasta esa fecha. Solo “Lo que el viento se llevó” tuvo un mayor presupuesto.  Más difícil lo tuvo para encontrar al intérprete masculino, tras la negativa de Gary Cooper, Cary Grant, Marlon Brandon o Montgomery Clift, pues las grandes estrellas se negaban a interpretar un personaje que representaba la gran “pesadilla” de Hollywood. Pero mientras que Mason lo tenía todo por hacer, salvo “Julio César”, justo del año anterior, la mejor interpretación de Garland supuso el principio del fin para la actriz; solo pudo brillar de nuevo en “A child is waiting” (John Cassavettes, 1963). Sus dos números más memorables –Over the Rainbow y The man that got away– representaron dos grandes pérdidas que marcaron su vida.  Además, en su momento, la película fue un fracaso absoluto tanto a nivel comercial como en premios, yéndose de vacío de la gala de los Oscars tras seis nominaciones y con Judy Garland totalmente decepcionada al ver que Grace Kelly se hacía con la estatuilla por una interpretación mucho menor en The country Girl.

El jefe de la productora, Jack Warner, fue responsable –en parte- de esta debacle. Fue suya la decisión de recortar drásticamente la película para evitar un metraje tan extenso de tres horas. Y habría que recordar que el productor de “Ha nacido una estrella” –Sidney Luff- fue el marido de Judy Garland después de su divorcio con Vincente Minelli. Desde entonces, la actriz se sumió en las drogas, desesperación e intentos de suicidio. Hay una cruel coincidencia que comparten tanto el final de su vida como el de la película. Vicky Lester pronuncia un descarnado discurso con tal de que Hollywood no olvide a su difunto esposo: “Hola a todo el mundo. Soy la esposa de Norman Maine”, mientras que en la realidad fue el propio James Mason quien pronunció el discurso fúnebre de la actriz.

Para concluir podríamos destacar, una memorable escena, aquella en la que Garland canta “Swanee”.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s