“Alien, el octavo pasajero”: Una obra maestra de la ciencia-ficción y terror.

Pensemos en el argumento: En una nave espacial, un ser acecha en la oscuridad y va masacrando a su tripulación. Podríamos estar hablando de una versión estelar de aquel clásico “The thing” (1951, Christian Niby) con la que comparte un lugar claustrofóbico lleno de estrechos pasillos y la naturaleza extraterrestre de la criatura que pasa de su estado inactivo a eliminarlos uno a uno.

Es una película que nos lleva a la Edad de Oro de la ciencia-ficción. Estamos en 1979, justo cuando “Star Wars”, y su principal competidora (“Star Treck”), estaban en plena cartelera, pero se trataba de una historia que no tenía nada que ver con las batallas espaciales o las espadas láser de “La guerra de las galaxias” o de los tiernos extraterrestres de “Encuentros en la tercera fase”. De hecho, “Alien” tenía tanto de ciencia ficción como de terror y habría más similitudes con “Tiburón” que con  cualquier otra historia espacial de la época.

Por supuesto, no fue la primera película en tratar una criatura asesina en el espacio, pero la principal novedad fue el ritmo en que se estructuró el film. Ridley Scott plantea las amenazas y la tensión argumental como si de una película de Hitchcock se tratase o del propio clásico de Spielberg, limitándonos lo que vayamos a ver de la criatura con tal de construir una atmósfera de pesadilla, a su alrededor para que la imaginación del espectador haga el resto. De esta forma, comienza de una forma lenta, presentándonos la nave espacial y su tripulación, con una sensación de normalidad, desde Dallas (Tom Skerrit) el relajado capitán a la suboficial (Weaver); Lambert (Veronica Cartwright), la más nerviosa de la nave o Kane (John Hurt) con un punto de humor negro. Los eventos que cambian la rutina de esos personajes hacen prolongar el miedo a lo desconocido hasta que alcance el inevitable giro y el terror toma forma de una criatura diseñada por H. R. Giger.

Pero la década de los setenta también estuvo marcada por la presencia de la mujer en el mundo laboral y de una segunda ola feminista. De hecho, “Alien” tenía otra característica que la hacía especial: la protagonista es una heroína de acción, aunque esta idea empezó a desarrollarse a partir de “Aliens” – cuando James Camerón la situó en su universo de “mujeres fuertes”,   contraatacando a las criaturas con venganza-. La Ellen Ripley de la primera película es un miembro más de la tripulación, aunque sea la única superviviente del Nostromos (junto al gato). Y aunque se la identifica con Sigerney Weaver, curiosamente no fue la primera opción sino Meryl Streep que habría dado una imagen diferente del personaje.

Hay muchos instantes geniales en la película. La imagen del piloto extraterrestre, congelado en su silla de mando, el inquietante hallazgo de la nave (“está lleno de huevos coriáceos”). Las quejas de Brett (Harry Dean Stanton) y Parker (Yaphet Kotto) que solo se preocupan de cobrar su salario; la famosa escena del desayuno en la que aparece la criatura del pecho de John Hurt o el descubrimiento del androide y de la inquietante orden especial de la compañía.

¿Cómo surgió la película?

Dan O´Bannon y Ronald Shuchett eran dos guionistas que escribieron el tratamiento de un guión que titularon “Star Beast”, que enviaron a varias productoras, sin éxito. Entre tanto, O´Bannon había comprado los derechos de un pequeño relato de Phillip K. Dick “We can remember for you wholesale”, que en 1990 se convertiría en “Total Recall”, mientras que Shuchett fracasaba en París en su intento de adaptar la versión de “Dune” de Jodorowsky. Pero de este proyecto apareció un potente aliado para el futuro Alien: H. R. Giger gracias a su obra “Necronomicon” (1977). Cuando “Star Beast” parecía dirigido al cajón, apareció Walter Hill con su productora Brandywine que lograron vender a la Twenty Century Fox pero su principal socio, David Giler no estaba de acuerdo con el guión. Habría hasta 8 versiones y entre los detalles que Giler y Hill incorporaron podríamos destacar la presencia del androide a bordo.

Mientras se iba desarrollando el nuevo guión, se fueron estableciendo conversiones con distintos directores entre ellos Robert Aldrich y Peter Yates. Entonces, Ridley Scott era poco más que un director de publicidad, obsesionado con rodar una versión de “Tristán e Isolda” y que habría filmado una épica historia napoleónica (“Los Dualistas”, 1977) con un atractivo estilo visual.

El salario del miedo.

Una nave espacial minera, que regresa a casa, se ve obligada a cambiar su rumbo para responder una llamada de socorro situada en un planeta desconocido. Con un adorno de ciencia-ficción y terror, la historia que se rodó en 1979 se siente muy moderna, haciéndose diversas lecturas desde los riesgos de los vuelos espaciales (la tragedia del Apolo 11 había sucedido diez años antes) a las consecuencias de las armas biológicas, o los abusos de las grandes corporaciones.

La Nostromos, nombre que toma de una novela de Joseph Conrad, es una de las naves espaciales más inusuales de la ciencia-ficción. El inicio es tranquilo y silencioso, surgiendo la nave en algún lugar del espacio estelar y con los primeros acordes de la inquietante melodía de Jerry Goldsmith. Entonces, nos indica que estamos ante un vehículo de remolque comercial con millones de toneladas de mineral y una tripulación de solo siete miembros. Para comprender mejor la película, situémonos en un contexto de crisis energética: el  conflicto del petróleo que surgió en el Oriente Medio; de ahí que la misión de la Nostromos sea la de extraer minerales de lugares distantes de la galaxia.

La ciencia-ficción tiene una larga historia de corporaciones despiadadas como Tyrell Corporation de Blade Runner, Cyberdyne Sistems de Terminator u Omni Consumer Products de RoboCop. La Corporación Weyland-Yutani esperaba traer la criatura de regreso a la Tierra con el objetivo de *lucrarse de ella como arma biológica. Al final de la película, Ripley descubre la escalofriante Orden de la compañía: “Prioridad uno: devolver la criatura para su análisis. Todas las demás consideraciones secundarias. Tripulación prescindible”. De hecho, algunos de los miembros eran reacios a responder a la llamada de socorro del misterioso planeta. Entre ellos, destacaba Parker que se expresó de esta forma, hablando en nombre de los ingenieros –los trabajadores de menor rango de la nave-: “Odio mencionarlo, pero esta nave es comercial y no una de rescate. No está en mi contrato hacer este tipo de trabajos. ¿Qué pasa con mi dinero?

«No tenéis ninguna posibilidad, pero contáis con mi simpatía».

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