Senderos de gloria. “Hemos conocido al enemigo y somos nosotros”.

 “Las películas antibélicas no existen”.

François Truffaut.

El cineasta francés mantuvo una entrevista con Gene Siskel en 1973 en el que insistía en su punto de vista. El mero hecho de retratar el ejercicio bélico implicaba una glorificación. “Cualquier película sobre la guerra va a terminar siendo proguerra”. Quizás no se refería a “Path of Glory” (1957) que no pudo ver hasta 1975 debido a que estuvo prohibida en su país. Se trata de una de las más famosas películas de todos los tiempos que surgió cuando en los años cincuenta Kubrick y el productor James B. Harris formaban una sólida alianza creativa. Con “Atraco perfecto” en el bolsillo fueron contratados brevemente por la MGM, pero todos sus proyectos serían rechazados; entre ellos, “Senderos de Gloria”. Esto no desanimó a Kubrick que contrató al novelista Jim Thompson para que diera forma a un guión sobre una novela ambientada en la Primera Guerra Mundial de la que hubo una adaptación para Broadway aunque estuviese prácticamente en el olvido. El guión llamó tanto la atención de Kirk Douglas que el actor presionó a la United Artist (la productora de “The killing” que se había desentendido de su distribución) para que se fuesen a rodar a Munich con un presupuesto de 1 millón de dólares de los cuales, un tercio sería su propio salario. Kubrick y Harris trabajarían, sin embargo, sin fijarse un sueldo acordando repartirse parte de los beneficios en el caso de que hubiera ganancias.

 El cine de Kubrick aparece marcado por el estilo visual.  Si la cámara baja fue la preferencia en “Atraco perfecto”, los picados en “Lolita”, los largos travellings en “El resplandor” o la luz natural y el zoom de “Barry Lyndon”, aquí despliega unos fascinantes travellings de gran angular y tomas largas. Mientras que uno de sus aciertos será el de no mostrarnos, salvo en una secuencia marginal en el que se desarrolla la escena bélica, los horrores de la guerra -la muerte, la sangre- sino que pretende centrarse en la hipocresía, en el enfrentamiento interno y las ambiciones de estos militares que justificarían tanto la guerra como la muerte, incluso dentro de su propio bando.

– En nombre del pueblo francés, el cabo Phillipe Paris, el soldado Maurice Ferol y el soldado Pierre Arnaud, del regimiento 701, habiendo sido declarados culpables de cobardía frente al enemigo, serán pasados por las armas inmediatamente, de acuerdo con la sentencia de este consejo de guerra.

En este sentido, la escena cumbre de “Senderos de gloria” sería aquella en la que se lleva a cabo el consejo de guerra, mostrada según Kubrick como un gran espectáculo militar, es decir, toda la secuencia es absolutamente milimétrica, todos los planos son simétricos. Una escena en la que se ritualizan los actos emprendidos por los jefes militares, que llegan al extremo cuando uno de los oficiales reanima a uno de los soldados, desmayados por sufrir una lesión cerebral, para que estuviera consciente en el momento de la ejecución.

Solo la escena de la ejecución justificaría este film  como un gran testimonio antibelicista, ceremonia que impacta tanto por el ritmo deliberado de Kubrick como por la perspectiva en gran angular. La cámara avanza lenta e inexorablemente hacia las tres estacas donde se encuentran atados los tres hombres, uno de ellos en camilla gravemente herido, para confirmar la deshumanización de este momento.

La secuencia, con algunas excepciones, se filma mediante perspectivas frontales. El plano que abre la secuencia muestra  un camino recto que acaba en una imponente fachada, el castillo de Schleiheim, cerca de Munich, donde se filmaría otra película clásica: “El año pasado en Mareinbad” (Alain Resnais, 1961). Este camino forma parte del  jardín versallesco  y a ambos lados se sitúan tropas del ejército francés. Al fondo, aparece la silueta de los condenados acercándose.

En el siguiente plano se filma a los condenados  mediante una serie de travellings, en su mayor parte frontales. Así pues, el primer plano, general y levemente contrapicado, muestra a los tres presos siendo debidamente atados a los postes, detrás de las cuales hay pilas de sacos de arena; un reverendo, con la biblia en la mano, se compadece de los condenados.

La siguiente imagen es idéntica al plano de inicio de la secuencia, aunque ahora se muestra el pelotón de fusilamiento debidamente dispuesto.

El tercer plano corresponde al instante anterior a la descarga de disparos con los fusiles apuntando a los condenados. En el plano final de esta secuencia, una de las más espectaculares, continúa con ese sentido del espectáculo, situando la cámara en medio del pelotón de fusilamiento como si se tratase de un fusil más, para mostrarnos la ejecución de una manera real, directa.

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