West side story, amores imposibles a ritmo de musical.

Directores: Robert Wise y Jerome Robbins

Productor: Robert Wise; guión: Ernest Lehman; fotografía: Linwood G. Dunn; editores: Thomas Stanford y Marshall M. Borden; directores asistentes: Robert E. Relyea y Jerome M. Siegel; diseño de producción: Boris Leven; música: Leonard Bernstein; sonido: Gilbert D. Merchant; grabación de sonido: Murray Spivak; coreografía: Jerome Robbins.

Reparto: Natalie Wood ( Maria ); Richard Beymer ( Tony ); George Chakiris ( Bernardo ); Russ Tamblyn ( Riff ); Rita Moreno ( Anita ); Tony Mordente ( Acción ); Tucker Smith ( hielo ); Simon Oakland ( teniente Shrank )

Premios: Oscar a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto (George Chakiris), Mejor Actriz de Reparto (Rita Moreno), Mejor Fotografía, Mejor Banda Sonora, Mejor Montaje, Mejor Dirección Artística, Mejor Diseño de Vestuario y Mejor Sonido, 1961.

¿De qué diablos va West Side Story?

Está bien haber salido de la cueva en la que claramente has estado los últimos sesenta años. Con música de Leonard Berstein, letra de Stephen Sondheim y guion de Ernest Lehmann era una versión actualizada de Romeo y Julieta, en el Upper West Side de Manhattan.

West side Story supone una ruptura con todo lo que habría antes. Y son los títulos de créditos los que empiezan a marcar esa transformación. Está la obertura de cuatro minutos a cargo de Leonard Berstein –como una obertura de las grandes producciones de los años 50- con tres silbidos sobre el fondo negro que explota en una colorista pantalla que va cambiando de color, del naranja al rojo, al magenta y azul. Un diseño minimalista de unas líneas verticales se terminaría fusionando con la punta de Manhattan. Esta secuencia de títulos y la escena de apertura son obras de Saull Bass, diseñador gráfico de directores que rompieron moldes en su época como Alfred Hitchcock u Otto Preminger.  

Durante la secuencia de apertura, una impresionante toma aérea de Manhattan a vista de pájaro captura la ciudad con el tráfico de coches, sus muelles frente al mar, parques y rascacielos. La cámara pasa sobre reconocibles puntos de referencia  medida que se mueve constantemente hacia el Upper West Side y luego se acerca rápidamente a un patio, irrumpiendo en una estilizada danza. Un estimulante ballet lleno de piruetas, movimientos y saltos que simbolizan dominio y energía: se está preparando una pelea de pandillas. Son los miembros de los Jets -compuestos por adolescentes blancos, liderados por Riff (Russ Tamblyn)- y del grupo rival, los Sharks, con Bernardo (George Chakiris) a la cabeza, un inmigrante puertorriqueño de piel más oscura.

En definitiva, una versión de la clásica historia de amor (dos amantes que cruzaban las barreras raciales), trasladada a la lucha de unas pandillas callejeras de Nueva York (los puertorriqueños recién llegados y los estadounidenses de segunda generación de familias inmigrantes europeas). La obra procedía de Broadway, como la mayoría de los musicales de su época, con un reparto completamente nuevo con la única excepción de George Charikis (quien habría interpretado a Riff, sobre los escenarios y ahora a Bernardo). Natalie Wood y Richard Beymer (que protagonizó El diario de Ana Frank) fueron elegidos para los papeles principales, pero ambos fueron doblados, ella por ejemplo por Marni Nixon, quien anteriormente había hecho lo mismo con  Audrey Hepburn (My Fair Lady) y Deborah Kerr (El Rey y yo). No era de extrañar que María se pareciese tanto a Eliza Doolittle. Rita Moreno consiguió el papel de Anita (y el Oscar) mientras que el acróbata Russ Tamblyn interpretó a Riff.

Una música en danza.

¿Cómo es posible que este film, que ganó 10 Oscars  no se encuentre entre los grandes favoritos de los amantes de los musicales y sí “Cantando bajo la lluvia”? Por supuesto, mi propósito no es desmerecer a aquella película de Stanley Donen, sino a engrandecer esta. Una dinámica película de 1961 que resultó innovadora en todos los aspectos. Sería el primer gran musical que tratase el tema de la denuncia social en vez de los argumentos coloristas y optimistas que solían caracterizar a este género cinematográfico.

Habría que destacar de la película la notable música de Leonard Bernstein y, sobre todo, la impresionante coreografía de Jerome Robbins, que logró superar las restricciones de los escenarios de Broadway en los que estuvo lidiando desde 1954, cuando se hizo cargo de la obra. Pero necesitaba constantemente de Robert Wise porque no sabía adaptarse a la forma de trabajo en el cine: “no sabía nunca cuando parar de rodar una escena”, se quejaban los actores.

Sin olvidarnos de una docena de canciones que dan encanto a la película incluyendo «María«, cantada por Beymer; «I Feel Pretty«, cantada por Natalie Wood; «Tonight«, a dúo entre la pareja protagonista; y «Un chico así«, de Rita Moreno.

1958 fue el último año en el que musical clásico dio el do de pecho. South Pacific lideraba la taquilla en los Estados Unidos y Gigi (Vicente Minelli), con Leslie Carol, arrasaba en los Oscars con 8 o 9 estatuillas, pero entonces se produce un vacío durante varios largos años. El público de este género quería otra cosa y lo encontró en Elvis Prestley y en las canciones de la Disney. La United Artist lo tenía claro: nada de los musicales sobrecargados en Tecnicholor que habían caracterizado a la Metro. La película, si quería triunfar, debía ser un espectáculo visual que uniese la danza con el teatro y la cinética del cine. Pero debía ser un reflejo de la sociedad moderna y al mismo tiempo, honrar a las fuentes clásicas (es un riff de Romeo y Julieta de Shakespeare). Y lo más importante, debía cortejar a los votantes de la Academia como al espectador de la calle, que era donde fallaba Stanley Donen. Si recordáis, Donen ganaba la apuesta de la taquilla (Cantando bajo la lluvia) pero fallaba estrepitosamente en los Oscars, que era el punto fuerte de su gran competidor Vicente Minelli.

Y se produjo el milagro. Diez Oscars, éxito en la taquilla y un clásico que no ha perdido su frescura durante sesenta años, lo que hace que un cineasta como Steven Spielberg se vea tomando el testigo de aquella historia y dirija su propia versión.

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