Siete novias para siete hermanos. Un gran musical de Stanley Donen.

Nadie hizo mejores musicales en color que la MGM en los años cincuenta. Durante esa década, aquel estudio lanzó clásicos como Cantando bajo la lluvia, Un americano en París o Gigi, aunque tuvieron que competir con la Warner (Calamity Janen, Ha nacido una estrella) o la Fox (Los caballeros las prefieren rubias).  

Los hermanos Pontipee son siete rudos leñadores que viven en las montañas de Oregón. Todos ellos son solteros aunque sus vidas cambiarán cuando Adam, el hermano mayor decide casarse. La película se inicia de la mejor forma posible con una escena que nos muestra el tono que la va a caracterizar: un musical con un tono cómico. Howard Keel interpreta con una voz potente “Bless your beautiful hide” (“bendita sea tu hermoso pellejo”) mientras recorre el pueblo, en busca de novia, rechazando a una y otra chica hasta que definitivamente encuentra a Milly (Jane Powell), la encargada de poner en vereda a sus hermanos. Millie es una mujer acostumbrada a trabajar duro, una huérfana que sueña con el día en que pueda invertir todo su esfuerzo en compartir una vida junto a un hombre.

Los hermanos no se lo pondrá fácil a la pobre Milly, pero ella no está dispuesta a amilanarse: “No quieres una esposa, Adam. Tan sólo una cocinera y lavandera. Una fregona. Y una fregona tiene derecho a cama propia”.  Así que en vez de arrepentirse, la valiente Millie decide arreglar la pocilga de casa y ser la madre de sus desastrosos cuñados. Los chicos demuestran ser rápidos aprendiendo (sobre todo en lo que concierne a los bailes) y aprovecharán su próximo evento comunitario, la construcción de un granero, para demostrar su elegante juego de pies.

Milly: Bueno, no te haría daño aprender algunos modales.

Adán: ¿Para qué necesito modales? Ya conseguí una esposa.

Aunque influida por la leyenda romana de El rapto de las sabinas –aparece un libro de Plutarco en una escena-, la película se basaba en un cuento escrito por Stephen Vincent Bénet (quien escribió también “The devil and Daniel Webster”, adaptada al cine por William Dieterle como “El hombre que vendió su alma” en 1941, y que supuso el único Oscar para Bernard Hermann).

Entre lo nuevo y lo viejo.

Seguramente se acuerden de qué trataba Cantando bajo la lluvia -las dificultades del cine mudo al sonoro-, en “Siete novias…” podría hablarse de otra gran revolución cinematográfica, pero esta vez no del sonido sino de la imagen. Estamos en el paso de la imagen de tamaño estándar al gran formato del Cinemascope que inauguró la Fox, justo un año antes, 1953 (Cómo casarse con un millonario, La túnica sagrada), siendo “Siete novias para siete hermanos” la primera película de la MGM rodada con este sistema.

Y de nuevo, Stanley Donen tropezó con otro musical de Vincente Minelli.

En honor a la verdad, aunque nos quedemos con títulos como Cantando bajo la lluvia, en 1954 cuando filmó “Siete novias…” tenía 27 años y Minnelli era el gran veterano, con una cosecha de más de 10 Oscars entre sus trabajos. Es decir, no se le negaba nada. Y si el rodaje de Brigadoom y Siete novias… coincidieron en el tiempo, el recorte de presupuesto lo sufriría el filme de Donen. Esto se vio claramente reflejado en dos detalles: De nuevo le negaron a Stanley Donen rodar en exteriores y tuvo que conformarse con los fondos pintados como decorados, e igualmente la MGM empleó el color Ansco, mucho más barato que el Technicolor, para sus musicales.

La gran competidora del Technicolor resultó de la alianza entre la americana Ansco y la alemana Agfa, con una película con los negativos en tres tiras de color –al igual que la Tecnicolor- con la diferencia de que los procesos químicos en la emulsión de los colores verdes y rojos, los hacían mucho más sensibles en los rodajes en exterior y, por lo tanto, más difícil. A parte de que no perduraban en el tiempo (todo se volvía rojo remolacha), se hacía mucho más compleja la reedición digital que se hace hoy en día. Los colores en tecnicolor lucen brillantes incluso hoy (El mago de Oz, por ejemplo). Pero así se hicieron muchas películas de la MGM; de hecho, la última producción que empleó este color Ansco sería “El loco del pelo rojo”, también de Minnelli, en 1956.

Entre los espectadores actuales, quizás el más famoso del reparto sea Russ Tamblyn (West side Story), gimnasta y acróbata que aquí interpreta al hermano llamado Gideon, con una asombrosa habilidad para el baile. Pero entre los actores habría de todo: los bailarines profesionales (casi todos los “hermanos”), y el que no sabría bailar, sentándose a aplaudir mientras el resto bailaba, y que sin embargo, se llevó el Globo de Oro (Jeff Richards). Cosas que pasan.

Entre los estallidos musicales, llenos de vida y color, destacamos The Barn Raising, un verdadero espectáculo gracias a la coreografía de Michael Kidd, que presenta bailes masculinos en su forma más atlética (lo que no era habitual en esa época). Eran más habituales los duetos (Gene Kelly y Douglar O´Connor, por ejemplo) o los bailes individuales (Fred Astaire) y los grandes números más multitudinarios llevados a cabo por bailarinas. Entre las canciones destacan: “Sobbin´Women” y “Spring, spring, spring”. Todo ese talento fue recompensado con el Oscar a la mejor banda sonora, en una época en la que se distinguía la música de la película musical de la que no pertenecía a ese género (ya sea drama o comedia).

Por cierto, como curiosidad, ese año 1954 la estatuilla a Mejor Canción recayó en Doris Day, en un musical para la Warner (Calamity Jane) que estaba protagonizado por el propio Howard Keel.

Pero, ¿es una historia machista?

Hoy en día seguramente sean muchas las voces que pongan el grito en el cielo sobre esta película, crítica que procedería del argumento original tomado del Rapto de las sabinas. A fin de cuentas, el film es un canto a la alegría de la vida, a través de unas espectaculares coreografías y unas canciones que terminas silbando el resto del día. Pero la película no ha envejecido bien socialmente. Nos podría molestar algunas ideas del argumento –los hermanos secuestran a siete chicas del pueblo- y frases de algunas canciones. Estoy pensando particularmente en Lonesome Polecat, donde los leñadores cortan madera suspirando de amor, en plena nieve. El tema incluye la siguiente frase «un hombre no puede dormir cuando duerme con ovejas«.

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