American Graffiti. Otra noche cualquiera en Modesto.

“En esta noche, todo va a ser diferente”.

Dentro del mundo en que vivimos entiendo el fervor tan excesivo que los fans parecen sentir por Star Wars. Una franquicia convertida en un auténtico filón para sus productores y un brillante espectáculo para sus legiones de seguidores y lo cierto es que admiro la valentía creativa de George Lucas que llegó a poner en riesgo su salud para sacar adelante el proyecto. Pero su auténtica obra maestra es esta película. Antes de American Graffiti, había dirigido la incomprendida THX 1138, un extravagante film de ciencia-ficción que supuso el primer batacazo como productor de su amigo y padrino Francis Ford Coppola.

Nos situamos en 1969 y un jovencísimo George Lucas y un no tan joven Coppola querían independizarse de Hollywood. Compraron el material en Europa y fundaron una compañía cuyo nombre, American Zoetrope, tomaron de los “zoetropes” que un coleccionista danés les regaló. Pero Lucas no comenzó bien su carrera (al fracaso de THX 1138, habría que sumarse el desastre de una primera versión de Apocalipsis Now; sí, George Lucas escribió un primer guión, rechazado por la Warner). Y tuvo que ganarse el apoyo de la Universal para que su socio, que venía de dirigir El Padrino (1972), interviniese en esta película autobiográfica sobre sus recuerdos en Modesto. El éxito de este film daría el definitivo espaldarazo para que Lucas pudiera crear de Star Wars (1977); de hecho, sin esta película la mítica saga espacial habría sido muy, muy distinta.

Pero vayamos antes a 1971. Peter Bogdanovich había filmado “The Last Picture Show”. Si esta presentaba un retrato sombrío de la vida en una pequeña ciudad justo antes de la llegada de la televisión, “American Graffiti” hacía avanzar el escenario una década, hasta 1962, cuando la televisión ya se había establecido como el pilar de la cultura estadounidense. Sin embargo, los jóvenes, empezaron a preferir la radio y la música rock.

¿Qué hacías en 1962?

Rodada en 1793 y ambientada en el último año de inocencia en Estados Unidos, antes del asesinato de John F. Kennedy. Todo sucederá en noche de verano de Modesto, un pequeño pueblo de California, lo que da a la película una apariencia  de ejercicio  de nostalgia; uno, situado en la adolescencia de los ahora legendarios cineastas: el productor Francis Ford Coppola, y el guionista y director George Lucas. Pero es una película que proyecta una sombra agridulce sobre el paso a la edad adulta, sugiriendo que el ideal de una forma de vida más simple era solo una manera de ver una realidad mucho más sombría y cínica. No por casualidad, American Graffiti estableció el tipo de historias de adolescentes coming-of-age de los ochenta: desde “Regreso al futuro” o “Cuenta conmigo”.

La acción transcurre en una sola noche, desde el atardecer hasta el amanecer y no sigue una narrativa lineal, sino que traza una noche colorida en la vida de cuatro amigos recién graduados en el instituto de una forma episódica. Steve (Ron Howard) parece tener claro que quiere ir a la universidad y tomarse un tiempo de distanciamiento sentimental de su novia Laurie (Cindy Williams), Curt (Richard Dreyfuss) es el más reacio a dejar el pueblo, aunque sea también el más ambicioso (desea estrechar un día la mano del presidente Kennedy). Por otra parte, Terry “El Sapo” (Charles Martin Smith) es un chico torpe con gafas cuya vida cambiaría gracias a un coche, el Chevy, que le da la confianza en sí mismo que nunca tuvo. Esto permitirá dejar  atrás una virginidad que le pesa como una losa. Y luego está John Milner (Paul Le Mat),  el chico que nunca creció, que conduce su coche (con matrícula THX 138, el título de la película anterior de Lucas) y baja por las calles para correr con cualquiera que se atreva a desafiarle. Y por supuesto, Harrison Ford, pero el personaje más entrañable de American Grafitty sea –y esto es una opinión personal- “Hombre lobo” Jack, el disk jockey, que sirve de narrador perfecto para la historia, teniendo en cuenta la gran importancia de la música en la película.

American Graffiti funciona como el último adiós a los sueños de la infancia antes de perderse en la maraña de la edad adulta, como también significa el final del Sueño Americano posterior a la Segunda Guerra Mundial. Es especialmente revelador cuando Curt se burla de su ambición de querer estrechar la mano del presidente John F Kennedy. El público actual, y el de 1973, sabía perfectamente que Curt nunca cumplirá esa ambición, ya que un año después Kennedy sería asesinado.

Pero el mayor logro de American Graffiti es que la noche, alegre en su mayor parte, sirve de retrato de una generación. Las múltiples narrativas que se cruzan de la película y el estimulante uso constante de la música, llamada diegética (es decir, escuchada por los personajes, así como por el público), crean una maravillosa sensación de tiempo y lugar. Se escuchan temas muy conocidos, como sucedía también en Easy Rider (Dennis Hopper), película que, por cierto, tendría una vinculación con esta. Igualmente, el coche –símbolo estadounidense para representar el estatus y la libertad- juega un importante papel en la vida de sus personajes. Y a media que el cinismo comienza a colarse en la película, las imágenes de accidentes automovilísticos sirven para identificar una mitología moribunda tanto para la juventud como para Estados Unidos en general. A medida que la letra ‘We’ve been having fun all summer long’ de The Beach Boys se desvanece en los créditos finales, es difícil sacudirse la triste sensación de que no sólo la diversión y el verano están terminando sino que nada volverá a ser lo mismo.

Un instante de lujo.

En términos de guión, uno no necesita ir más allá de la secuencia de apertura, en la que se suceden las expectativas de Laurie para casarse y el instante en el que Steve le da a Terry las llaves de su coche, prometiendo “amar y proteger este coche hasta que la muerte nos separe”. Pero uno de los momentos más destacados de la película se nos cuela de forma totalmente inesperada. Un plano de grúa nos muestra un coche estacionado, donde Steve y Laurie están discutiendo su relación mientras “To the Aisle” de Five Satins suena suavemente en la banda sonora. Su breve conversación es seguida de un patético intento de seducción de Steve antes de marcharse del coche.

Esto sigue a un altercado anterior entre la pareja, una vez más perfectamente capturado por Lucas, quien utiliza una toma ininterrumpida de unos 92 segundos y que comprende de una toma de seguimiento hacia atrás y una panorámica de casi 360 grados. Mientras tanto la cámara enfoca en primer plano a Steve y Laurie bailando.

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