Noventa años del nacimiento de John Gavin.

Se cumplen en estos días el noventa aniversario del nacimiento de John Gavin, actor para el cual debió ser irritante que continuamente se le comparase con Rock Hudson, pero la verdad es que los motivos no faltaron. Ambos eran considerados sex symbols que trabajaron en brillantes producciones de Ross Hunter y ambos serían los actores preferidos para Douglas Sirk, en la cima de sus carreras. De hecho, nuestro primer recuerdo cinematográfico de Gavin suelen ser sus películas para Sirk. La primera fue el  antibelicista “Un tiempo para amar y un tiempo para morir” (1958), sobre un soldado alemán desengañado de las promesas del Régimen nazi, con un personaje que generó tan buenas críticas que el propio director decidió incluirle en su siguiente película: “Imitación a la vida”. Eso sí, Jhon Gavin -que tendría una carrera mucho más modesta- logró algo que siempre se le negó a Rock Hudson, trabajar a las órdenes de Alfred Hichcock y Stanley Kubrick.

Nacido en Los Ángeles, el 8 de abril de 1931, como Juan Vicente Apablasa tenía orígenes chilenos, mexicanos y españoles, de hecho siempre se sintió muy atraído por el mundo Latinoamericano. Adoptó el nombre de su padrastro John Golinor, pero luego decidió llamarse Gavin. Participó en la Guerra de Corea como oficial de Inteligencia, experiencia que le abrió las puertas de Hollywood cuando le contrataron como asesor para una película sobre la Segunda Guerra Mundial “Battle Station” (1955). Nada más verle, el productor de aquel film le animó para que hiciese una prueba. Gracias a un suculento cheque, consiguió convencerle; curiosamente otro cheque pondría fin a su carrera, arrebatándole la posibilidad de interpretar a un personaje mundialmente conocido, pero eso sería mucho, mucho más tarde. Entonces, debió contentarse con lidiar con Rock Hudson, su principal adversario en la Universal.

1960 sería un año clave para él, al participar en cuatro importantes películas. Entre ellas,  “Psicosis”, donde interpretaba a Sam Loomis, el amante de Janet Leight que luego desenmascararía a la mosquita muerta de Norman Bates. Y “Espartaco”, donde sería nada menos que Julio César a las órdenes de Kubrick. Pero su buena estrella se fue apagando. Por el camino, consiguió que a Sofía Loren, en “Escándalo en la corte” y a Julie Andrews,  “Milie, una chica moderna” se le hicieran los ojos chiribitas nada más verle. Sólo le quedaría un título mediamente importante “Pedro Páramo”, uno de sus proyectos soñados al interpretar uno de los personajes más famosos de México.

Espartaco (Stanley Kubrick)
Imitación a la vida (Douglas Sirk)

Entonces le llegó una manzana envenenada: James Bond.

Bond después de Connery.

Habría que hacer un inciso para explicar por qué el personaje de ese famoso agente secreto fue dando tumbos por el mundo. El rodaje en Japón de “Solo se vive dos veces” fue un infierno para el escocés, tanto que llegó a odiar al hombre que le habría descubierto: Albert Broccoly. Muchas veces el rodaje se debía de detener a causa de la masa enfebrecida de fanáticos deseosos de hacerse una foto con el actor o de conseguir algún recuerdo, mientras que el productor se frotaba las manos porque ese impulso descontrolado le hacía ganar mucho dinero. Como consecuencia Connery nunca más quiso volver a interpretar a James Bond. Pero si para él fue difícil el rodaje, la experiencia de su sucesor, George Lanzeby, fue realmente traumática en “007 al servicio de su majestad”. Su director, Peter Hunt, le hizo el vacío durante el rodaje, llegando a lo surrealista de no decirle las indicaciones directamente a él sino a través de su asistente.  Así se llegó 1971 cuando se proyectó una nueva película pero sin actor. En este ínterin Brocolli se fijó en John Gavin y le contrató para tres películas, pero el productor no volaba en solitario y la coproductora que financiaba la que iba a titularse “Diamantes para la eternidad”-la United Artist- no estaba en absoluto contenta con que Bond fuese interpretado por Gavin. Se reunió en secreto con Sean Connery y ante la negativa del actor le ofreció una suma casi inconcebible para la época.

Hollywood acabó para él, sobreviviendo gracias a la televisión, cuando un amigo suyo del cine llegaba a la Presidencia de los Estados Unidos, Ronald Reagan. Reagan le ofreció el cargo de Embajador en México por cinco años, otra de las experiencias que le marcarían a John Gavin. El actor no actuaba precisamente con tacto en asuntos capitales como la lucha contra el narcotráfico y pronto se convirtió en un diplomático molesto en su país vecino, con una infinidad de conflictos con el Gobierno del Presidente mexicano De la Madrid. El punto culmen sería el “Caso Camarena”, el agente de la DEA infiltrado en un cártel, que acabó asesinado. Las presiones de Gavin sobre el Gobierno mexicano hicieron posible una investigación por parte de los Estados Unidos.

Jhon Gavin falleció en 2018 a causa de la leucemia.

John Gavin junto a Nancy Reagan visitando las ruinas del terremoto que sufrió Ciudad de México, en los años 80.

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