Tren a Busan: una fresca visión del género zombie procedente de Corea del Sur.

Ha bajado bastante la fiebre por estos personajes, pero llevan años siendo los reyes del cine de terror. Lo que sucede es que este subgénero procedente de Hollywood lleva repitiendo historias desde que George A. Romero inventase el horror caníbal de los zombies. Apenas se han dado media docena de revisiones decentes; de ahí que cualquier visión novedosa sea de agradecer. En realidad, la premisa es la de siempre: En una Corea del Sur, afectada por un virus que va zombificando a los infectados, los pasajeros de un tren, intentarán llegar a Busan, el único lugar libre de la infección. Su director, Yeon Sang-ho no pretende inventar nada, sino ofrecer una perspectiva distinta a partir de la particular mirada del cine asiático, como hacen otros cineastas como Park Chan Wook, KinJee-Woon o Na Hong-jin.

Al comienzo de la película, un camión avanza por una zona que se encuentra en cuarenta. Este golpeará accidentalmente a un ciervo que volverá a la vida. Mientras eso sucede, un joven ejecutivo, Seok-Woo (Goong Yoo) se ve tan anclado a su trabajo que no puede asistir al recital de canto de su hija, pero se ve obligado a acompañarla a Busan, para que celebre su cumpleaños con su madre, con la que está divorciada.

Un encuentro entre “Snowpiercer” y “28 días después”.

Ambas son dos películas que comenzaban en el terreno de la ciencia-ficción, para terminar siendo unos inquietantes estudios de la naturaleza humana y ambas están protagonizadas por personajes que tienen una realidad más allá de la trama, motivadas por una personalidad que les ayuda a decidir lo que hacen y el por qué. “28 días después” es uno de los mejores films sobre zombies que se han rodado en los últimos años, con un ritmo frenético y una original propuesta: el infectado solo tarda 20 segundos en transformarse. Ese ritmo frenético se trasladaba al ferrocarril en “Snowpiercer”, una producción americana de un director sudcoreano que situaba a los supervivientes de un apocalipsis a bordo de un tren. Ahí es nada.

Tras demostrar su buen pulso para la animación en “The King of Pigs” y “The fake”, mantiene su sensibilidad gráfica de la que saca unos grandes réditos. Mientras que “Seul Station” sería una película de animación que servía de precedente de esta historia, una pequeña pieza de relojería que demuestra su habilidad a la hora de planificar secuencias a través de las viñetas de narrativa gráfica, por sus primeros trabajos en ese medio: la animación.

No es perfecta esta primera incursión en el cine real de Yeon Sang-ho, en donde apuesta por la acumulación y lo excesivo; seña de identidad de un tipo de cine sudcoreano. Un cine coral, en donde  están mejor definidos los dos personajes principales, el padre y la hija, una encantadora niña, que el resto de los pasajeros, que sería una versión en miniatura del estilo “Aeropuerto” (el film que estableció el modelo dentro del subgénero de catástrofes): el jefe arrogante, el hombre de clase obrera y su mujer, embarazada; el joven jugador de béisbol y su amiga, animadora. Una especie de microcosmo en el que se confrontan lecciones de vida, como la del sacrificio que aprenderá Seok-Woo, el padre fracasado. Aunque, con justicia, no podemos olvidarnos de Kim Eui-sung, quien resulta magistral como el miserable ejecutivo que encarna los peores valores de la clase alta, mientras que el personaje del mendigo se convierte en el “alma” de la película.

Al igual que en su película anterior, “The fake”, la desconfianza hacia las autoridades es lo que apuntala la acción, tema que cobra importancia ante el brote de Mers que sacudió Seúl en 2015. “Compañeros, ciudadanos, absténganse de hacer caso a los comentarios sin fundamento”, dirá la “voz oficialista” desde la televisión. Son curiosos algunos comentarios que hacen los pasajeros. Dos hermanas ancianas responden a un brote de violencia que ven en las noticias: “en los viejos tiempos, habrían sido reeducados”. Más tarde, unos supervivientes -que han ocupado un vagón-, evitarán a toda costa que lo ocupen el pequeño grupo que ha logrado abrirse paso a través del tren. Es parte de esa sátira social que encontramos en estas películas, el terror en diversas bandas (las criaturas monstruosas del exterior y los que intoxican nuestro propio entorno).

Al final nos quedamos con una estructura narrativa más en la línea del cine occidental, aunque con temas y personajes orientales (la familia) y un ritmo frenético para que resulte muy entretenida, sin apenas tiempos muertos.

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