Tenet, el thriller palindrómico de Nolan.

-Vivimos en un mundo crepuscular.

Hay una frase al comienzo de Tenet que podría servir tanto para la película como para los tiempos que corren. Lo  gruñe un hombre en un teatro de la ópera en Kiev, abarrotado de público, momentos antes de ser gaseados. En esta época en que vivimos, Hollywood pasaría por un momento extraño. Es una industria acomodaticia sostenida por empresas que deben contentar a sus accionistas, pero al mismo tiempo apuestan por proyectos arriesgados como es el caso de la Warner, cuando aceptó financiarle la mayor locura de su carrera, una película de más de 200 millones de presupuesto (más de 20 veces que Mememto, incluso más que Origen e Interestellar).

Hacía tiempo que Christopher Nolan formaba parte de ese panteón de cineastas capaces de sacar a la gente de sus hogares y llevarlos a las salas. Uno de esos pocos directores con arrojo y creatividad a raudales en una época de taquillazos sin almas e historias repetidas; que considera a su público como un ser que piensa, aunque él se considere asimismo como el más listillo de todos, y sabe que su cine se va a ver con lupa, tanto los fans que reverencian cada paso que da como sus detractores, que van buscando sus pasos en falso.   Y logra que sus películas deslumbren. Todo esto es cierto, como también que la mayoría de las veces resultan agotadoras. Como en el resto de su cine, en Tenet no dejó que nos tomemos un respiro, incluso cuando desliza lentamente la cámara por los acantilados de la costa italiana de Arnalfi. Así es capaz de crear películas únicas en el género en que se adentra: lo hizo con “Origen”, dentro del cine de espías, en la categoría de espionaje industrial; en Interestellar, como ciencia-ficción y en Tenet, cine de espionaje con el tema del terrorismo de fondo.

En un contexto de nueva Guerra Fría, un agente secreto (personaje sin nombre, definido como El Protagonista en los créditos, John David Washington) tendrá la misión de perseguir a un oligarca ruso (Andrei Sator, Kenneth Branagh), mientras le ayudan Neil (Robert Pattinson), y otros personajes más secundarios como Mahir (Himesh Patel) y una científica (Laura, Clémence Poésy). Pero Nolan pronto traslada la confusión que siente el propio protagonista al guión y, por extensión, al espectador. Algunas escenas parecen filmarse para desorientar deliberadamente al espectador . Eso sucede, por ejemplo, en la escena en la que El Protagonista, Neil y Mahir planean un atraco, y la cámara gira alrededor de ellos.

John David Washington in Tenet (2020)

¿Cómo nos lo cuenta Nolan?

En una escena, Laura le comenta a El Protagonista que “él no está para el qué sino para el cómo”, una idea que pueda tomarse el propio Nolan al pie de la letra. A nivel básico “Tenet” es una película al estilo de James Bond, contada de forma original pero sencilla. Una historia plana con personajes planos. El héroe sin pasado, el villano terrorista maltratador, la mujer maltratada, el equipo antiterrorista, el sicario del malo, etc… Con esas escenas que has visto otras mil veces antes, con más intensidad: la pelea del héroe con los hombres del malo, el salvamento en el último segundo, un accidente de un avión en un aeropuerto o una persecución en una carretera. Pero la película no es sencilla de contar porque Nolan lo lleva a su terreno y lo hace complejo hasta el infinito.

Entre los  aciertos de Nolan, está su habilidad para que sus películas le permitan jugar a lo que quiera, siempre asombrando en cada nueva escena, en donde prima la acción y nos muestran unos personajes hipnóticos, capaces de trazar mapas mentales, completos o rotos en infinitos fragmentos; pero aquí radica uno de sus principales defectos: sus ideas son tan farragosas y herméticas que al espectador le cuesta seguir el rastro de lo que Nolan pretende decir. “No trates de entenderlo, siéntelo”, le dice Laura al Protagonista, en una escena, y esto es justo lo que trasmite “Tenet” a su audiencia. El cine de Christopher Nolan suele animar al espectador a confiar en los ritmos de sus películas y a sentir su impacto a nivel instintivo. Y cada vez lo hace mejor. De hecho, la fuerza de Tenet se basa en elaborados set pieces que involucran el accidente de un avión y a una persecución en carretera, con la escena marchando al revés.

Hace ya tiempo que su cine no se caracterizan por los planos cerrados, con tal de ganar espectacularidad, como el uso de la imagen IMAX o el derroche visual al aprovechar muchos recursos técnicos como el ralentí o la filmación inversa. Seguramente Tenet marque un hito en la evolución de los efectos especiales, pero más allá de esta factura fabulosa, lo cierto es que la película adolece de muchas cosas: no hay forma para que el espectador sienta empatía con los personajes o la historia. “Tenet” cuenta con los “defectillos” característicos de sus ambiciosos blockbusters: es excesivamente larga (como suelen ser las películas de Nolan) y es reiterativa (siempre hay algún personaje que explica algo, cosas de física, bastante incomprensibles). Con pocas concesiones para el humor y nada de sexo; lo que es una película de Christopher Nolan. El diálogo se murmura más que declamarse, oscurecido por un diseño metálico del sonido y el punteo electrónico de la partitura de Ludwing Göransson; y por último, el sentido del espectáculo unido a su high concept termina siendo un lastre.

John David Washington and Robert Pattinson in Tenet (2020)

Hagamos un repaso por su cine. De la estructura no lineal de “Memento”, pasó a la duplicidad de “El truco final” y a la geometría del tiempo de “Interestellar”; en esta ocasión, es el palíndromo del título  –Tenet– lo que da vigor a una narración simétrica, junto el concepto de entropía, la física cuántica, la reversibilidad del tiempo y la “paradoja del abuelo”. Amo aquellas películas que te abordan con citas e ideas hipnóticas (física, matemáticas, historia), que te recuerdan alguna frase curiosa o que te muestran algún ingenioso recurso visual, desarrollado a partir de una idea intelectual, pero la fina línea entre lo ingenioso y lo confuso es fácilmente superable y Nolan suele ser de esos directores a quienes no les preocupa traspasarla, con tal de que el espectáculo continúe.  

Las películas de Nolan suelen ser fenómenos mediáticos envueltos en un misterio y Tenet, su undécimo trabajo, no solo no es una excepción sino que además se ha visto afectada por la pandemia mundial. Podría responsabilizar a la prensa que durante semanas nos estuvieran bombardeando con el carácter casi mesiánico de una película, dispuesta a ser la salvación del cine en plena enfermedad. Un proyecto que haga volar las mentes, con un éxito de taquilla fabuloso capaz de hacer soñar al mundo con volver a las salas de cine; pero es una pena que “Tenet” no lo sea. Quizás el éxito de taquilla lo cumpla; yo de hecho, he asistido dos veces a las salas, porque necesitaba de un segundo visionado para completar el sentido de la película, pero no dejará de ser un film que dentro de la era de los blockbuster -lo único que parece ver la gente en el cine- es artificioso, relamido y confuso. Una película de Nolan, más.

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