Memento. La confirmación de Nolan como director.

En su ópera primera, “Following”, un escritor llamado Bill (Jeremy Theobald) confesaba: “Lo siguiente que voy a contar es mi historia”, intentando construir su identidad,  confundido acerca de quién es y que es. Una película pequeña, pero con una idea brillante – un personaje adicto a la emoción transgresora de invadir la vida íntima de otras personas- y un uso genial de localizaciones londinenses. Pero para su segunda película, se trasladó a Estados Unidos y el resultado no puede ser más brillante; en parte, gracias a la inyección económica de la productora (los 9 millones frente a las 6 mil libras de aquella). Es decir, pasó del cine independiente a Hollywood en un abrir y cerrar los ojos, con un complejo thriller sobre el tiempo, la memoria y la identidad; los tres elementos con los que creará su magnífico cine posterior. La idea del proyecto lo encontramos en un relato de su hermano Jonathan, que Christopher desarrolló en un guión, mientras que filmaba “Following”.

Guy Pearce stars as Leonard

Leonard,  interpretado por Guy Pearce, es un ex investigador de seguros que, tras ser testigo de la muerte violenta de su esposa, está decidido a vengarla. Suena convencional, ¿verdad? Pero lo que hace de “Memento” una película única es la particularidad del personaje y la forma tan característica que tuvo Nolan de estructurarla; logrando un brillante rompecabezas, gracias al trabajo de cámara de Wally Pfister y al montaje de Dody Dorn.

Leonard no puede recordar el pasado inmediato y vive constantemente en el presente, por un motivo fisiológico. A causa de una lesión cerebral sufre un tipo de amnesia, conocida como “anterógrada” por la cual no recuerda acontecimientos nuevos dentro de la memoria a largo plazo. Pero para mantenerse concentrado, toma fotografías, escribe notas e incluso se tatúa mensajes en su cuerpo, como “John G violó y asesinó a mi esposa”. El empleado del motel en donde se esconde, aprovecha esa condición para cobrarle por dos habitaciones al mismo tiempo y alegremente admite su fraude, señalando que Leonard lo olvidará. “Incluso si te vengas, no lo recordarás”, le dijeron uno de los personajes, pero su respuesta tiene cierta lógica: “Mi esposa merece venganza, lo recuerde o no”.

Una brillante primera imagen.

“Memento”, que toma su título de la expresión latina “memento mori” (recuerda que morirás) ya introduce la forma de narrar desde el mismo comienzo cuando aparece una Polaroid como soporte de los créditos de inicio. Esta se va desvaneciendo en lugar del proceso de revelado instantáneo y cuando la foto queda en blanco, el tiempo va al revés: La pistola regresa a la mano de Leonard y la bala a la recámara del arma.

Al presentar los sucesos en “Memento” al revés, Nolan nos introduce en la mente del personaje principal. Pero al igual que Leonard, el espectador no cuenta con alguna indicación clara antes del segmento actual y al igual que el protagonista, tendremos que recorrer la escena previa con tal de tener una idea completa de la secuencia.

Tiempos líquidos.

Si pudiéramos aplicar al cine de Nolan algún concepto filosófico, sería el que acuño el polaco Zygmunt Bauman: “tiempos líquidos”, por el cual las estructuras de una sociedad “líquida” ya no perduran el tiempo suficiente para solidificarse y, por tanto, ya no sirven de referencia. Cada vez está más presente en el cine moderno; no es un invento de Nolan sino de los tiempos que corren. Phillip K. Dick,  “Dark city” o “Matrix”,  nos mostraban una alternativa al paisaje narrativo de lo que es real,  de la manida fórmula de los buenos y malos e incluso se reinventaba el concepto de spoiler. De este modo el principio de “verdad”, aquel que defiende una realidad sin tener en cuenta cualquier tipo de condicionamiento, ya no existe; los personajes de sus películas se ven obligados a vivir una vida “líquida”, fragmentada, creada a base de pequeños acontecimientos y de ambiguos recuerdos.

Esta forma de entender el cine, explica que al comienzo, la película nos traslada al final y desde este punto de la historia, hacemos el camino de regreso hasta el principio. El argumento se cuenta hacia atrás, sigue una narrativa retrógrada. Por supuesto, Chritopher Nolan no inventó esta forma de contar una película. François Ozon en “Cinco veces dos”, nos contaba la historia de un matrimonio en su orden invertido, comenzando con la firma del divorcio y terminando con el enamoramiento de sus protagonistas. Y esa misma narración retrógrada fue utilizada por Harold Pinter en “Traición“, la adaptación de su obra de teatro,  dirigida por David Jones, en 1983 y protagonizada por Jeremy Irons. Pero Nolan da un paso más allá: no solo define a los personajes por esa estructura, derivada de la amnesia del personaje, sino que las organiza siguiendo un tono cromático distinto, bien en blanco y negro, o en color.

La propia particularidad de la película se traslada a la forma de concluir la historia en donde no hay nada definitivo. Un momento crucial sería la conversación entre Leonard y Teddy (Joe Pantoliano) en donde  Nolan deja a la interpretación del espectador si el personaje dice la verdad o miente.

Director Christopher Nolan with star Guy Pearce
Guy Pearce and Carrie-Anne Moss in Memento (2000)
Joe Pantoliano in Memento (2000)

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