Apocalipsis Now. La película es la guerra.

“Estábamos en medio de la selva. Éramos demasiados, teníamos a nuestra disposición muchísimo dinero y demasiado equipo. Poco a poco fuimos enloqueciendo”.

Francis Ford Coppola en el Festival de Cannes.

Viajemos hasta 1968 cuando un joven estudiante y prometedor guionista de diecisiete años, John Millius, le contaba entusiasmado a su amigo, Francis Ford Coppola, su proyecto soñado: adaptar “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, novela que quiso llevar en su día Orson Welles a la pantalla, aunque habrían de esperarse algún décadas para verla hecha realidad, esta vez ambientada en la guerra de Vietnam. En aquella época, la persona para dirigirla no sería Coppola sino otro de sus amigos, George Lucas, y cuando el cineasta de El padrino tomó las riendas del proyecto, pensó en una película pequeña, rodada en 16 mm, para darle una imagen de documental, cuya título se tomaba prestado de una de las chapas que llevarían los soldados en esa guerra: “Nirvana Now”. Pero cuanto más se fue retrasando el proyecto cada vez tomaba la forma de epopeya descomunal que tendría al final. Un film que fue un infierno rodarlo y que necesitó de tres versiones para que Coppola quedara satisfecho, con el nuevo montaje remasterizado en 4k que ha llegado en estos días, algunos décadas después de la primera, que se llevó la Palma de Oro en Cannes, y de aquella otra bautizada con el nombre de “Apocalipse Now Redux”.

Mal que le pese a su director, “El padrino” era una película de encargo y Coppola, la última opción posible de una larga lista de directores a quienes no les interesaba la historia. “Apocalipsis Now”, sin embargo, sería una obra personal, una película que ningún gran estudio de Hollywood apostaba por ella porque ni siquiera querían oír hablar de un proyecto sobre Vietman. Curiosamente, un film sobre aquella guerra –El cazador (Michael Cimino, 1978)- habría ganado el Oscar a la Mejor Película, pero en 1976 –cuando empezó a oírse el proyecto de Coppola- aún no habría ninguna película importante sobre Vietnam.

La búsqueda del reparto fue uno de los quebraderos de cabeza de Coppola. De hecho, la desesperación por no encontrar a su protagonista, le hizo tirar por la ventana sus cinco Oscar y cuando encontró a alguien dispuesto –Harvey Keitel- le tuvo que despedir a los pocos días porque su forma de trabajar no coincidía con su personaje. Por su parte, Marlon Brandon aceptó participar, sin haberse leído ni una sola línea del guión, quizás, por el millón de dólares por semana que recibiría como emolumentos. Estas serían simples anécdotas en comparación con los verdaderos problemas que tuvo la película. Un tigre viajando en el avión como un pasajero más, un tifón o una guerra civil en Filipinas que hacía retrasar el rodaje, pues los extras combatían entre toma y toma. A parte, el protagonista sufrió un infarto y Coppola se vio en la ruina y a punto estuvo de divorciarse pues su mujer, Eleonor, fue su sufrida acompañante quien mostró su terrible experiencia en un famoso documental sobre el rodaje “Al corazón de las tinieblas”. De este modo, las 15 semanas proyectadas para completar el rodaje se convirtieron en 25 meses.

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Coppola y Storaro en un cameo en la película.

Esta expedición de rodaje en Filipinas, que debió sentirse como si del Vietnam de Hollywood se tratase, fue coescrito entre Coppola, John Milius y Michael Herr, quien añadió a la novela su propia experiencia en la guerra. La premisa de Conrad era fácilmente adaptable a cualquier otro entorno que tuviera un río y una jungla hostil, y como sucede en la novela la trama autóctona –en esta ocasión, la vietnamita- no va más allá de un elemento secundario. Esta es la diferencia con las otras grandes películas sobre Vietnam –La chaqueta metálica o Platoon– e incluso con El cazador –un film sobre la amistad ante una película bélica-.

El horror, el horror…

La trama resulta sencilla: Willard (Martin Sheen) es reclutado para buscar a un coronel que ha enloquecido en el propio Vietnam. Pero a lo largo de este proceso la conciencia mediadora  de Willard,  se parecerá más a un detective privado propio del cine negro, como si de una oscura versión de algún personaje de Raymond Chadler se tratase, que al Marlow escrito por Conrad. Estamos ante un “mercenario” que debe cumplir una misión: “retirar” a Kurtz (Marlon Brandon) un héroe condecorado, uno de los mejores oficiales del ejército americano que, en algún momento de la guerra de Vietnam, habría hecho un atroz descubrimiento siendo la misión de Willard, la de adentrarse en la oscuridad con tal de hacer ese descubrimiento por sí mismo. Lo que conseguirá gracias a un elemento crucial, el Reportero (Dennis Hopper), una especie de guía, que le presentará a Kurtz como un “poeta-guerrero en el sentido clásico”.

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Como vemos, la película se establece a partir una cuestión de matices antes que por simples contrastes: Willard deberá asimilar cómo esa mente brillante (por las constantes referencias a la impecable formación del coronel) se había alejado de la sensatez que habría llegar a crear una corte en algún lugar de Camboya, sumido en un belicismo despiadado. Al mismo tiempo, que nos muestra sobrados ejemplos del “belicismo despiadado” en cada uno de los escenarios de Vietnam. El bombardeo de los helicópteros a una tranquila aldea vietnamita o el ataque a la familia en el sampán, serían dos ejemplos de los peores aspectos que la guerra hacía a la población civil.

Este enfoque llega a verse a nivel fotográfico. “Apocalipsis Now” comienza al estilo “europeo” con una iluminación naturalista tomada de los elementos presentes en el propio set de rodaje: una lámpara de la mesita y la luz del día que penetra por la ventana; mientras que avanza a la manera “americana” con colores saturados y un exceso de luz artificial, que llega al culmen en la escena del Puente de Do Lung; justamente el reverso de la escena inicial.

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Una gran escena y un tropiezo al final.

Incluso los más acérrimos detractores de la película, deberán reconocer que las escenas de Kilgore son excelentes. Aquel oficial lunático que arriesgará cualquier cosa con tal de “montarse en un buena ola”, con un ataque aéreo que surge de una de las magistrales citas del film: “me encanta el olor a napalm por la mañana”. Pero evidentemente, en el tercio final la película falla; volviéndose abstracta y confusa. Milius pensó en una escena que involucraba a Willard y Kurtz en un ataque a los propios helicópteros americanos, un final que Coppola detestó y se enfangaron en un sinfín de propuestas, a cual más alocada. En este punto, podría recordar “Wind Across the Everglade”, una película de 1958 dirigida por Nicholas Ray, ambientada en los Everglade de Florida, a comienzos del siglo XX. Era una parábola ecológica, en la cual, un personaje similar a Willard, el interpretado por Christopher Plummer, penetraba en un pantano en busca de un forajido que recuerda a Kurtz para llevarlo ante la justicia. La diferencia con “Apocalipsis Now” es que la conclusión está mucho mejor hilvanada, mostrándonos una relación tensa e incómoda entre ellos. El desenlace de Coppola es un ejemplo más del horror abstracto que hemos ido viendo en pantalla, con algunas reflexiones interesantes (“tenemos que matar sin juicio, porque es el juicio el que nos derrota”), y algún diálogo que no podemos tomarnos demasiado en serio, sobre todo cuando decide recitar las obras de TS Eliot, “Del ritual al romance”.

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