Ad Astra. Al Corazón de las tinieblas del Universo.

En los últimos diez años, los grandes estudios de Hollywood han demostrado un cierto arrojo al apostar por una ciencia-ficción dirigida a la conquista del espacio, como telón de fondo. Una sci-fi, más reflexiva y adulta que aquella que nos tiene acostumbrada el mainstream,  pero con grandes estrellas como principales reclamos,  como sucedía a Sandra Bullock, en “Gravity” (2013); Matthew McConaughey, en “Interestelar” (2014); o Matt Damon en “Marte” (2015). Es como una especie de retorno a esa ciencia-ficción “highgrow” de los 60, que tenía en Kubrick (2001) e incluso en Tartovski (“Solaris”) sus principales referentes. Tampoco podemos pensar en el final de La Tierra como algo novedoso planteado por el Hollywood más actual, pues entronca con toda una tradición en la historia del cine con el ejemplo de “El fin del mundo”, de Ruth Maté. La industria cinematográfica se ha dejado llevar por la buena predisposición habitual del público para ser hipnotizados por un viaje cósmico que les hagas surcar los límites del espacio exterior. Su atractivo más incipiente para el gran público es su carácter a atemporal, junto a la atracción del ser humano hacia lo desconocido.

“Ad Astra per Aspera” (Hacia las estrellas con dificultad) era una expresión latina que servía a Virgilio (Eneida I) para representar el incierto viaje de Eneas desde la vencida Troya a la lejana Roma. James Gray se sirve de esa glosa para mostrarnos un viaje aún más incierto y demoledor, el que llevará a cabo un atormentado astronauta  (Brad Pitt) hacia uno de los extremos de nuestro sistema solar en busca de su padre. Estamos ante una película de sci-fi, temáticamente densa y visualmente suntuosa;aunque habría que hacer un aviso a navegantes: Es un viaje intimista hacia el corazón de las tinieblas espaciales, en la línea realista de “2001”.

Muchos de los recientes viajes al espacio mostraban una curiosa paradoja: se ha necesitado llegar a los confines del Universo para encontrar las verdades dentro de uno mismo. En cuya síntesis, se deja rastrear la alargada herencia de Kubrick. Pero “Ad Astra” es especial. Una vez vista,  no queda duda alguna de que el muy reivindicable James Gray se presenta como uno de los grandes cineastas norteamericanos de nuestro tiempo, demostrando algo que se dejaba intuir en las anteriores, esa fusión de clasicismo y modernidad que quedó confirmada en “Two Lovers”, su mejor película, –en opinión de este humilde cronista-. Hay mucho de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad y de “Apocalypse Now” de Coppola en el viaje de Roy a la oscuridad espacial, tamizado gracias a una sombría narración en off del propio actor, que podría recordar a su trabajo que tuvo a las órdenes de Terrence Malick (“El árbol de la vida”). Entre tanto, se nos muestran fragmentos de flashbacks que nos permiten intuir parte de su vida cotidiana. El film podría servir  como un análisis de la masculinidad, una reflexión sobre cómo nos convertimos en nuestros padres, y podría hacerse incluso una lectura de la búsqueda de un Dios ausente.

Ad Astra Starring Brad Pitt

En un futuro cercano, cuando los viajes estelares se han hecho frecuentes, a Roy McBride (Brad Pitt), uno de los más destacados en su campo, se le encomienda una misión vinculada a la supervivencia del propio planeta: llegar a dónde nunca se había estado con la excepción de su padre, Clifford McBride (Tommy Lee Jones), el astronauta más legendario de todos los tiempos. Aquella famosa misión, el Proyecto Lima, trataba de encontrar vida inteligente, alcanzando el punto más alejado de nuestro sistema solar, pero en aquel viaje algo falló.

La dirección de Gray, al igual que la actuación de Pitt, tiene una clara intención  en un film con a algunas de las cualidades épicas y conradianas de su último trabajo, “The Lost City of Z”, aunque con una estructura y un arco de la historia mucho más satisfactorias y ambiciosas. E igualmente, nunca hemos visto a Brad Pitt como nos lo muestra en esta película. La fotografía de “Ad Astra”, a cargo de Hoyte van Hoytema (el ‘cameraman’ habitual de Christopher Nolan) traza las superficies de los planetas distantes con el mismo asombro con el que recorre la cara del actor, saboreando las pequeñas arrugas alrededor de sus ojos.

El toque de James Gray.

“Ad Astra” es un drama espacial de autor,  con una gran personalidad, en la que reconocemos muchos de los aspectos cinematográficos de su director prácticamente en cada fotograma. De ahí que nos detengamos en repasar el cine y el estilo de James Gray, clave para comprender la película. En su cine existe una variedad de géneros –desde el policiaco, al drama de época o el cine de aventuras- aunque con unas señas totalmente reconocibles.  Es un cine de género, moralmente complejo y cinematográficamente clasicista, en donde el concepto del viaje, la relación paterno-filial y las profundidades morales, ya aparecían en anteriores trabajos suyos, así como también un vibrante pulso cinematográfico. Solo hay que recordar la persecución con land rovers lunares comparable a la que mantuvieron los dos coches, bajo la lluvia, en la reivindicable “La noche es nuestra”.

Cabecera juego

Hablamos de cine de muchos quilates, también en el terreno técnico. Las escenas que se desarrollan en esa nave que encuentran a la deriva, -como si de un buque fantasma se tratase-, y la inicial -que tiene lugar en una especie de plataforma orbital-, son de las más logradas cinematográficamente hablando.  E igualmente, James Gray toma sin estridencia la batuta de viejos maestros como Stanley Kubrick, al igual que hizo con John Ford o John Huston en su anterior trabajo –“Z, la ciudad perdida”-, la que tenga más relación con esta película. Ambas serían las dos caras de un mismo espejo. “Z, la ciudad perdida” nos relataba la historia de un explorador que llegó a convertirse en héroe nacional sobre todo tras su desaparición, junto a su hijo mayor, en un intento de superar los límites de lo conocido en el Amazonas; lo mismo sucede en “Ad Astra”. Pero si el personaje de la primera, aceptaba tanto el papel de su padre que llegaba incluso a sucumbir en el mismo destino incierto que él, Brad Pitt logrará elegir su destino, abrazar la “misión” de su progenitor o regresar a casa.

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