Yesterday. Los Beatles como excusa.

Después de Queen, en “Bohemian  Rapsody” y del mítico Elton John, con “Rocketman”, era normal que llevasen a la pantalla este tercer icono de la cultura musical británica, a través de dos pesos pesados como Danny Boyle y Richard Curtis, aunque, esta vez, la suma de dos talentos no logra el resultado esperado. Era fácil sospechar que sus carreras se cruzasen, pues estos británicos –hasta la médula- compartían un punto en común: Su cine se cimienta sobre fábulas donde la música cobra un gran protagonismo. Pero más allá de coincidir en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres (2012) no habían trabajado juntos. El espectáculo, titulado “Isles of Wonder”, fue dirigido por Boyle, escrito por Curtis y protagonizado por Rowan Atkinson.

Jack Malick (Himesh Patel) es un joven que trabaja en unos almacenes mientras se pasa el tiempo componiendo y cantando. A pesar de la fidelidad de unos grandes amigos, nunca ha conseguido el éxito, sin embargo, una compañera (Ellie, Lilly James) se enamoró de él, desde el momento que cantó un tema de Oasis, delante de todo el colegio y se convirtiese en su mánager. En un instante dado, a causa de una tormenta solar o por “el dedo de Dios”, el planeta sufre un apagón global, tras el cual nada será igual: se entra en una especie de realidad alternativa en donde varios hitos culturales han dejado de existir.

A los autores que imaginaron un universo alternativo les ha gustado reflexionar cómo un cambio histórico puede reescribir la música pop. En “El hombre del castillo”,  que ideaba el triunfo del Tercer Reich, Philip K. Dick nos mostraba a unos censores nazis que estrangulaban el rock and roll desde su cuna. En el caso de “Yesterday”, se parte de una idea genial –pero arriesgada- que ni queriendo nadie se hubiera imaginado. ¿Qué sucedería si The Beatles no hubieran existido?  De no existir, hubiéramos perdido “Blackbird”, “Sargento Pepper”, “Imagine”; uno de los mejores temas de James Bond (“Live and Let Die”) o la canción “Yesterday”, que pone título a la película.

Pero la famosa banda de Liverpool no es la única referencia cultural que “desaparece” tras el apagón mundial; también la Coca-Cola o Harry Potter, lo que habría dado pie a toda unas grandes posibilidades que la película desecha, por completo. Existe, también, el antecedente de “Regreso al futuro”, donde el cambio –esta vez al viajar al pasado- da muchísimo juego entre las referencias que va citando, pero la magia de The Beatles, poco a poco se va diluyendo.

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Una reflexión sobre la autoría y la fama.

Partiendo de un guión de Richard Curtis, la película podría contar con el fondo melómano de  “Radio cubierta”, la reflexión de la notoriedad y la fama de “Notting Hill” o el trasfondo fantástico de “Una cuestión de tiempo”, pero la película se queda prácticamente en contarnos una sosa comedia romántica sostenida en las canciones de The Beatles.  El film pretende ser una reflexión de cómo las obras individuales adquieren un significado cultural e histórico y lo que sucede al perderse este significado tras un suceso. “Yesterday” nos muestra el contraste entre la reverencia de Jack, por esta música, y el escepticismo de todos los demás. 

Cuando Jack Malick descubre que ha desaparecido toda referencia de The Beatles, se lanza a escribir los temas y logra hacerse famoso gracias a las canciones de los Cuatro de Liverpool. Poco a poco, va quedando cómo de lo mejor musicalmente hablando, superando todas las expectativas de su época. En este sentido, se juega a la comparación con la música de una superestrella (Ed Sheridan, haciendo de sí mismo), quien terminará confesando “ser Salieri ante Mozart”. E incluso, será tentado por una productora discográfica sin escrúpulos (Dreba Hammer, Kate McKinnon), quien le ofrecerá el “cáliz envenenado de la fama”.

Hay momentos realmente brillantes, como la secuencia en la que intenta cantar “Le it Be” ante sus padres, y es constantemente interrumpido; cuando intenta escribir “Eleanor Rigbey” de memoria, para que la canción no se pierda para siempre; o la escena en la que unos ejecutivos desechan algunos de los hitos icónicos de la banda, como el famoso “Álbum blanco”.

Lo cierto es que la música de The Beatles me encanta, como la de Queen o la de Elton John y mientras visualizaba todas ellas, tenía una sonrisa en la boca y un agradable placer en los oídos. En este sentido, estas películas serían tres formas diferentes de llevar el homenaje melómano a la pantalla, siendo la de Danny Boyle la más floja. ¿En qué falla “Yesterday”?

El principal “error” es que la cultura no funciona como lo plantea la película. La idea no es que si The Beatles no hubieran existido otros habrían logrado lo mismo. Si Miguel Ángel no hubiera existido, ¿algún otro artista habría pintado la Capilla Sixtina o esculpido el David? Seguramente no. Es decir, no sólo nos sirve el “qué”, sino también el “quién” y el “cuándo”. Sólo pudieron ser Jhon, Paul, George y Ringo. Eso sí, al final, nos quedamos con la gran banda de Liverpool y el homenaje a una música irrepetible.

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